De la Redacción
Chihuahua— El nombre del general Manuel Ojinaga Castañeda, será inscrito con letras de oro en los muros del Poder Legislativo, al haber sido declarado el día de ayer como “Benemérito del Estado”.
Por unanimidad de votos los diputados del Congreso del Estado, decidieron reconocer al héroe chihuahuense revolucionario con tal distinción.
El diputado Francisco González Carrasco, de las comisiones Unidas de Educación y Cultura y Especial para los Festejos del Centenario de la Revolución Mexicana, fue el encargado de leer el dictamen y someter a consideración del pleno, la intención de declarar como Benemérito de Chihuahua, al general Manuel Ojinaga.
El general Ojinaga, nació en la Hacienda de las Garzas, municipio de La Cruz, Chihuahua el 8 de abril de 1833.
Ingresó al Colegio de Minería de México en donde hizo la carrera de ingeniero de minas y ensayador. Al estallar la guerra en contra de la Intervención Francesa se alistó en la Guardia Nacional, fue electo teniente coronel y se le dio el mando del Batallón “1º de Chihuahua”.
Acompañó al general José María Patoni con su cuerpo cuando regresó a Durango y combatió en las batallas de Menores y la de Majoma.
El 4 de agosto de 1865, el presidente Benito Juárez lo nombró gobernador y comandante militar del estado y jefe de todas las tropas que operaban en su jurisdicción, al mismo tiempo que le confirió el ascenso a general de brigada y lo invistió de facultades amplísimas en todos los ramos, acordadas en junta de ministros.
Al día siguiente expidió un patriótico manifiesto dirigido a los chihuahuenses, el cual cerró con estas palabras: “A las armas hijos de Chihuahua. Que nuestro último aliento sea para exclamar viva la Independencia Nacional”.
El 7 de agosto expidió un decreto imponiendo penas severas a todos los que se aprovecharan de las circunstancias anormales de la guerra para cometer abusos y atropellos y al aproximarse las fuerzas francesas a la ciudad de Chihuahua la abandonó el día 10, después de haber ordenado que cesaran todas las autoridades constitucionales en el momento de la invasión.
Tomó el camino de general Trías, Cusihuiriachi y Cerro Prieto y fue a establecer el gobierno el día 20 en Ciudad Guerrero.
Los imperialistas franceses se movilizaron sobre ciudad Guerrero en persecución del gobernador, quien fue alcanzado en Arisiachi donde fue herido de muerte, pronunciado las siguientes palabras: “Todo se ha perdido. Con mi muerte la causa nacional va a sufrir bastante”.
Su cadáver fue sepultado en la ciudad de Chihuahua el 2 de diciembre de 1874. Tiene dos estatuas, una en la ciudad de Chihuahua en la plazuela Ojinaga y otro en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.